TEATRALIZACIÓN
A última hora de la tarde, tía Adela y las primas de Javier regresaron a
Villa Candelaria. Javier va en busca de Violeta, la lleva casi a rastras a su
dormitorio y le cuenta todo lo que había pasado. Violeta escucha en silencio,
muy seria, lee el texto escrito en los márgenes del Frankenstein y, finalmente pregunta:
VIOLETA. ¿Ya te lo crees?
JAVIER. ¿El qué, lo del fantasma? ¡Pues claro que me lo creo! ¿No te he
dicho que dejé el libro sobre la mesilla? Después, me acerqué a la ventana,
noté que olía a nardos, me di la vuelta y, ¡zas!, el libro ya no estaba en la mesilla,
sino sobre la cama, abierto justo por donde está escrito a mano. ¡Es la repera!
(Alterado y con problemas para dejar de
hablar.) Es lo más increíble que me ha pasado nunca. Sólo aparté la mirada
unos segundos, quince como mucho, y el libro fue volando de un lado a otro.
Tiene que ser algo sobrenatural, tenías razón. Nunca he visto...
VIOLETA. (Interrumpiendo mientras
hojea el libro.) ¿Hay algo más escrito?
JAVIER. (Sacudiendo la cabeza.) No. Lo he comprobado página por página y sólo
he encontrado ese texto. Oye, ¿no deberíamos contárselo a tus padres?
VIOLETA. (Desconfiada.)
¿Contarles qué? ¿Que hay un fantasma en la casa? Vale, díselo tú, que a mí me
da la risa. Ellos no la ven Javier, ni la oyen, ni huelen su perfume. Pensarían
que les estamos tomando el pelo, o que nos hemos vuelto locos.
JAVIER. (Dudoso.) Bueno...
entonces, ¿qué hacemos? Porque no me apetece vivir en una casa encantada,
¿sabes?
VIOLETA. (Alzando una ceja.)
¿Tienes miedo?
JAVIER. No. Tengo miedo cuando voy al dentista. Ahora estoy acojonado, que
es muy distinto. ¿Es que no has entendido lo que te he dicho? Hay un fantasma,
¡demonios!, y mueve las cosas de un lado a otro. Eso no es normal, caray... Por
ejemplo, en mi casa de Madrid no hay fantasmas, ni en las casas de mis amigos.
La gente normal no suele tener espíritus en el cuarto de los invitados,
¿sabes?...
VIOLETA. Vale, vale, pero tranquilízate. He vivido siempre aquí y nunca me
ha pasado nada. Es un fantasma inofensivo. (Contemplando
el escrito de Beatriz Obregón.) Lo que deberíamos preguntarnos es por qué
quiere ella que leamos esto.
JAVIER. ¿Para que nos caguemos de miedo?
VIOLETA. No digas tonterías. Beatriz quiere decirnos algo.
JAVIER. Pues podría mandarnos un telegrama.
(Violeta ignorando su comentario
examina otra vez el ejemplar de Frankenstein.)
VIOLETA. Según la fecha que hay junto a la firma, Beatriz leyó la novela en
1901, el mismo año que desapareció...
(VIOLETA se sumé en una profunda
reflexión. JAVIER se sienta en la cama, al lado de Violeta, coge el libro y
vuelve a leer el texto escrito en el margen.)
JAVIER. Pues no se me ocurre qué demonios pretende decirnos tu
tía-bisabuela. Vale, sí estaba muy triste, que se sentía diferente al resto del
mundo y que se moría de ganas de largarse. Pero eso ya lo sabíamos, ¿no? A fin
de cuentas, ese mismo año se fue de Santander.
VIOLETA. Lo único que sabemos es que desapareció. Pero eso no significa que
se fuera de la ciudad. Quizá la mataron.
JAVIER. ¿Qué?...
VIOLETA. Beatriz desapareció el día antes de su boda, durante la noche que
va del nueve al diez de junio. Bueno, pues puede que alguien entrara en su
habitación aquella noche y, después de asesinarla, robara el collar. Luego, el
asesino se deshizo del cadáver.
JAVIER. Y ahora, sesenta años después, el fantasma de Beatriz se nos
aparece para que resolvamos el misterio de su muerte. Demasiado novelero, ¿no?
VIOLETA. ¿Por qué? Había un móvil: las Lágrimas de Shiva. El collar estuvo
expuesto en el ayuntamiento, así que todo el mundo conocía de su existencia.
Cualquiera pudo robarlo. De todas formas, sólo son suposiciones. Pudo suceder
cualquier cosa. (Señalando el libro.)
Pero estoy segura de que Beatriz pretende decirnos algo, y creo que la clave
está en el último párrafo.
(JAVIER baja la mirada y relee las últimas líneas : << Esta mañana,
al pasar por delante de Las Herrerías, creí ver el Savanna, pero no fue así.
Los ojos me engañaron y me sentí muy triste.>>)
JAVIER. ¿Qué es <<el Savanna>>?
VIOLETA. No tengo ni idea. Y tampoco conozco ningún lugar que se llame Las
Herrerías...
JAVIER. (Dudoso.) Bueno, ¿qué
vamos a hacer?
VIOLETA. (Insegura.) No sé.
Intentar averiguar qué es el Savanna.
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